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VIRIATO CONTRA ROMA (Por Alfonso Naharro i Riera)

Agregada el Viernes, 27 de Agosto de 2004

  

Las yeguas preñadas por el viento subían la colina. A la grupa, caballeros de vestidos negros con sus capas encubiertas por la noche. Brillaban las falcatas a la Luna sobre el templo de la Diosa... Preparaban la batalla. Sonaban los tambores y los cuernos llamando al guerrillero: ¡muerte al intruso! predicaban gritos. La "Madre Nutricia" abría sus caudales repartiendo generosa los poderes al amante orgulloso encabritado y fiel buscador de justicias que faltaban raptadas por tiranos de otros mares. Cabalgando por dehesas y brezales por aquí y por allá en la encrucijada van juntas las partidas al galope juvenil esperanza a toda prueba incansables y madurando lides agridulces. Así se agrupan incansables los mozos de los castros lusitanos los vettones, celticis y betures... todos aquellos que esperan sin descanso salvar la Patria de agresión intrusa. Pisan sedientos de esperanza los caminos salvan ríos y montañas conocidas hacen leguas y más leguas sin resuello, tienen prisa mucha prisa de ajustar las cuentas de su honor pisoteado al romano forastero que ha invadido su tranquilo y cotidiano hacer Hispano. II Arriba en la montaña, frente al Betis, el gran río turdetano conquistado, tierras del Tarteso enmohecido donde antaño nacieran factorías se esconden lusitanos y caballos. Allí, sobre los montes de Beturia prepara el guerrillero sus defensas se huelen las legiones del pretor ambas fuerzas van enloquecidas el general Galba parte hacia el horror. Quinientos estadios para en corto tiempo topar con el bandido guerrillero la partida celosa de lo suyo... que destrozó al romano. Siete mil legionarios tropezaron con la parca, los demás, corrieron al refugio sin parar pasando el río hasta la bética Carmona. Lúculo el Cónsul descansaba en Córdoba después de su traición a la Coca segoviana, asesinato impune, cuando enterose del desastre del colega, que con el rabo entre patas forajidas asustado le enviaba su legado, el cónsul citerior muy indigando organizó una razia a sangre y fuego arransanso las tierras lusitanas. Entre tanto la guerrilla como antaño, intentaba saltar a Tingitanioa. Pero Galba repuesto de hombres y armamento no del susto aprovechó la coyuntura en el Estrecho exterminado a las mermadas del indígena que atravesarlo quería con sus restos. III Pocos quedaron de tan terrible evento, pero aún así, el general diose con cantos de sirena mentirosa. Parlamentó con ellos difranzando sus pérfidos preparos con promesas totalmente incumplidas de tierras, paz y prósperas riquezas. Treinta mil lusitanos acudieron desde sus lares con las proles al trabajo, como moscas al pastel envenenado. En tres partes dividió sus ilusiones desarmándoles, pues ya -les dijo- no hacen falta las falcatas ni el cuchillo en la labor pues la tierra solo arado y zacho necesitan. Ingenuos creyeron la palabra dada. Galba al verlos indefensos, presto, a cuchillo atravesó la mayor parte (los que no valían al negocio). Mujeres, niños y ancianos sucumbieron como objetos inservibles, tan solo a los jóvenes vendieron como esclavos en la Galias. Mil conseguieron escapar de la traición mil factores de un producto en grito que por mil multiplicarín la venganza entre ellos potenciaba el gran Viriato aún desconocido y a la revancha. IV Entre tanto en Roma está el Senado que reunido pone en balanza al general. También Lúculo tiene al peso su maldad y escapó del castigo por dinero. Pero Galba acusado por Catón y por Calpurnio (senadores ciertos) hubo de liberar a los que como esclavos vendidos e indefensos fueron. Ahora justicia hallaron del consenso senatorial, no tan malvado. Un nuevo pretor llega a la Bética -en el ciento cuarenta y siete antes de Cristo- Cayo Vertilio, grueso y viejo et muy astuto de nuevo hizo sangrar al lusitano. Con diez mil legionariso de refresco los cercó en un lugar de Andalucía situación difícil por el hambre que agotads las reservas de moral desesperados lusitanos ante el futuro oscuro de su pueblo a punto estuvieron de repetir historias y hacer caso a cantares de sirena aún a costa de perder la gloria. Pero Viriato con acierto gestoles que morir por morir no viene a cuento que siguiendo sus mandatos vivirían y saldrían del aprieto. V - LA ESTRATEGIA DE VIRIATO Eligió mil jinetes de los restos a sus órdenes directas, a los demás les dijo que romperían aquel cerco cuando él y sus jinetes atacaran directamente al pretor, despistarían así a los demás romanos que al ver a su jefe en perdición para ayudarle romperían la estrategia. Que aprovecharan la ocasión y sin mirar atrás marcharan hasta Tríbola a esperarle que allí les daría nuevos consejos. Así ocurrió, pues las legiones al ver al general en tal apuro abandonaron su puesto a defender a Vetilio de Viriato que atacando el guerrillero, retirándose y volviendo supo distraer mientras su gente pudo escapar hasta la cita dada. Viriato al ver a salvo a su guerrilla supo a la vez largarse con acierto hasta Trivola despistando como pudo al enemigo que insistiendo le seguía aunque no pudo alcanzarle. Vetilio persistió seguro de su fuerza mientras Viriato llegaba a su destino fresco y satisfecho en su elemento equino. Su arribada a Tribola, gloriosa fue saludada con vítores al jefe, que no paró en vanidades organizándose de nuevo la partida VI Tendió en un bosque la celada con sus mil guerreros puso lusitanos en los canchos. Vigilaban esperando el paso cierto mientras los mil jinetes obligaban al romano a dar su pecho, de lata. Al entrar las legiones por el paso estrecho volviéronse Los Mil atacando tunos al estúpido traspiés que dió Vetilio. Los romanos cayeron en tierra como chinches de todas partes les llovía matanza los guerreros agitaban sus melenas dando gritos irrumpiendo los que estaban al acecho por todos lados las falcatas desangraban y hasta el viejo y feo general romano pareciéndole a un guerrero despreciable lo mató y punto final de la contienda en triunfo. De diez mil, seis mil pudieron escapar -dicen las fuentes- que a Tartessos, donde reinó el más anciano rey de los reyes españoles (Argoantonio hasta su muerte vivió ciento cincuenta años) aunque otros dicen que a Carteya -que así se llamaba entonces Algeciras-. El Cuestor de Vetilio organizose encerrose y miró por las murallas envió cinco mil contra Viriato de Titos y Belos vendidos al romano pero ninguno quedó para contarlo. Así pagaba Viriato la traición a España. Por todas las tribus la esperanza resurgió contra el romano impío los lusitanos arbitraron la contienda castigando duro a los traidores. VII Dice Diodoro -el griego histriador- de las razones tan certera del caudillo hablando a los túrdulos de Tucci que fueran listos, no ocurriera como aquel que se casó con dos mujeres una vieja y otra joven. La más anciana le arrancaba sus cabellos negros y la más joven le espulgaba bien las canas al final calvo quedose por servir a dos señoras. Aquel destino esperaba a los de Tucci pues los dos bandos mataban al contrario y pronto solitarios quedarían aquellos lares indecisos. De la Bética subió a la Carpetania devastando bien a los vendidos que llamaron en su auxilio a Cayo Plantio. Recién llegado de Roma con diezmil infantes, le asistían trescientos caballeros. Acudió a la llamada presuroso atacó fuerte al guerrillero que cual siempre simuló la retirada. Plantio le azuzó cuatro mil hombres persiguiendo sudoroso a Viriato que volviendose de golpe los mató sin ningún trato. Pasaron los guerreros el río Tajo y acamparon en el monte de Afrodita entre olivos aguardaron descansando y vigilando celosos la acampada... hasta allí llegó el romano con sus huestes ceporro, a resarcirse del desastre. VIII No tuvieron suerte en la contienda, los romanos, a escape salieron de la selva y en desorden total se disgregaron... aún les están buscando. Viriato al ver el campo despejado siguió predicando la revuelta, y desobediencia total a los romanos, decían los cantares de la gesta. Después de expulsar para la Bética al italiano pretor despanzurrado se hizo amo de la Mancha y los molinos como rey de los mesones castellanos con baratarias mil. Nunca les faltó ni el queso ni el buen vino. Cómo sea que en Segóbriga dudaban por sorpresa se coló hasta la cocina les dió sopa con honda y buen jarabe de palo de encina envenenada. De seguro no faltó quien le ayudara, pues siempre hay descontentos del vecino lo que fuera o fuese no me importa el caso es cierto que el banderín de enganche a toda España se proclamó por extremeños lusitanos en la tierra antes llamada Carpetania. Claudio Unimanio se mosquea es el jefe romano que hay al norte gobernador citerior cual su colega Cayo Plantio de la vega en la Ulterior al que nunca más veremos de rondón. Pues como digo el Unimanio está furioso y tiene tanta gente... más o menos como el otro el andaluz citado y aún así la afrenta no se borra pues derrotado y gachas las orejas se tuvo que largar a Tarragona. IX Más que pánico, acojono, sintieron los romanos de Tarraco pues logrando rodear a un lusitano, solo a uno y despistado, una banda de jinetes invasores éste a un jaco ensartó matándolo de un lance y a otro equino cortole con falcata la cabeza de un buen tajo que hizo huir horrorizados a tan seguros y 'victoriosos' luchadores. El guerrillero tan tranquilo con desprecio marchose en buena hora a seguir con su trabajo de limpieza. Viriato confiscó al Unimanio después de aniquilar casi a la tropa las togas y las fasces cual banderas que bien visisbles colocó sobre una encina en las montañas de su tierra. En Roma al enterarse de esta historia se les cortó la fiesta con Cartago que en el ciento cuarenta y seis antes de Cristo destruyó Escipión el Emiliano. A su hermano Quinto Flavio le enviaron a enderezar los entuertos de la España donde llegó con quince mil de la legión, su decena de elefantes y dos mil de a caballo en plan campante. Pocos eran, amén de bisoños y novatos -dice Apiano- que el desgaste fue muy fuerte exaustos con la guerra de Cartago la de Grecia y Macedonia... no había gente que quisiera ver su tipo en esta tierra. X A pesar de los pesares llegó el cónsul. Ya no privan los pretores en Hispania con su tiempo limitado a solo un año., Quinto Fabio doblaría su contrato con dos años consulares a su cargo viendo al paso si pudiera conseguirse cortar la cabellera al enemigo vanidoso. Religioso y piadoso, de romero se fue a Cádiz, no quería batallar al buen tuntún y el asunto ya no estaba de cajón. Fue por mar por si las moscas y con tanguillos, en el templo se coló frente al Hércules dejado por Cartago le cantó esta canción: "Aquellas bolsas preciosas que tanto en Gades dieron que hablar primero fueron fenicios después los cartagineses ahora llegamos nosostros esto no se "pue" aguantar. Allí fue media Iberia trapicheando jodieron a Tartesos todo el negocio del contrabando, por eso yo te canto divinidad mantendremos tu culto hasta el altar. Aquí estamos romanos yo no hay cartagineses somos los nuevos amos de la urbe imperial te traemos regalos jamones y nueces ciudadanos hicimos a los de tu ciudad. XI Allí fue media Iberia trapicheando jodieron a Tartesos todo el negocio del contrabando, por eso yo te canto divinidad esta historia comienza desde tu altar". Después de orar al dios cartaginés dedicose de lleno a la estocada y lanza enseñándoles bien a sus bisoños. Advirtiendo los peligros de esta jungla y recordando tristes experiencias olvidadas. Un buen día, malo para ellos - los pobrecitos- salieron a por leña descuidados -dice Apiano- que Viriato mató a muchos llenando de pavor a los demás, aún así y persistiendo el romano leñador plantó a la basca en plan batalla... y nuevamente sufrieron descalabro. Qué lento es aprender haciendo escuela tener que dejar de salario buen botín y encima, jugándote la vida a cada rato. A partir de entonces se acabaron de enterar no del todo saliendo y los conboyes bien al loro defendidos por escoltas rigurosos de jinetes y otras sopas ondulando al viento los trigales. XII Cuando pasó el invierno -casi al año- Hércules pagó el tanguillo al Quinto a costa de Viriato que mordió un poco el polvo soberano perdiendo dos de sus ciudades una a saco y otra ardiendo. Quinto Fabio fue el segundo que le puso en fuga acosando al lusitano en un castillo llamado de Becor, Baecula o Bailén: murieron cantidad de hispanos. El siguiente invierno en Córdoba lo pasa que a lo que se ve de moda estaba esperando el relevo para enero. Viriato ante el revés que le aflige el consulado pasando de Córdoba a Bailén marchó a reponerse por la Sierra Morena y extremeña de Beturia y un poco Oretana. Desde allí prosigue preparando la revuelta y a su vuelta contra Quinticio y Pompeyo pretor sustituto en Citerior el primo que el segundo ahora es cónsul Ulterior. De nuevo la estrategia se repite contra Quinticio que creyendo chupada la batalla y a punto de ganar persique a Viriato hasta su monte de Afrodita y el caudillo sorprendente da la vuelta eliminando a mil romanos descuidados. XIII Otra vez con las fasces en bandeja les persigue ahasta el Sur y devastando corta el paso Citerior al general que en Córdoba se queda con los restos dejando a Cayo Marcio (un hispano renegado) papeletas y mal gesto. Viriato marcha a Itucci con su gente a expulsar la guarnición de los romanos castiga a los t raidores bastetanos que con Fabio habían casado sus terrores. Libre el norte de la Iberia sin legiones convencen al fin a los celtíberos Arévacos, los Titos y los Belos que también en armas contra Roma arrancan y otro frente de batalla le presentan. Al fin el lusitano ha conseguido que la razón arranque en toda España. Numancia comienza un camino heróico en el ciento cuarenta y tres antes de Cristo y así diez años más. El senado romano clama a dioses y guerreros ven la gravedad terrible y cierta y deciden dar un tajo por lo sano mandando a la Ulterior un nuevo cónsul Escipión y como tal, especialista en asuntos españoles de aguas fuertes. Quinto Fabio Máximo Serviliano es el nombrado y adoptivo hermano de aquel otro Fabio Máximo pasado religioso y herculano del tanguillo. XIV El nuevo cónsul con dieciocho mil infantes, diez elefantes de Numidia y caballeros africanos bien curtidos. Mil seiscientos jinetes marchan a liberar -según se mire- con parte de su ejército a la aliada Itucci hoy Martos en Jaén. Con gran estrépito y clamor salen al quite sueltas las largas greñas de sus testas que sacuden al viento en libertad causando pavor y no intimidan esta vez a los romanos que resisten rechazando a la guerrilla sin posibles. Llegan refuerzos al romano airado, el resto -dice Apiano- además elefantes del Numida y trescientos jinetes africanos. Quinto Fabio puso en fuga al lusitano pero no supo mantener orden y fuerza. Percatado Viriato como siempre gira en seco y cambiando las tortas a cerca de tres mil romano mata encerrando a los otros en su base militar (como conejos, en su propia madriguera). Lanzose el español sobre el romano que atrapados buscaban refugio como topos a duras penas sacados de la gruta por sus jefes. La noche les salvó, aunque Viriato más ágil a oscuras que el romano encerrolos in Itucci. XV Como sea que faltaba la comida guerrillera y muchos de sus hombres eran muertos Viriato incendió por la noche el campamento marchando con su gente de regreso a Lusitania. Serviliano no le sigue en la escapada que practica represalias en Beturia. A saco se pasó cinco ciudades aliadas de Viriato. Bajó el romano después a castigar contra los Cunneos -hoy al sur de Portugal- subiendo después por Lusitania buscando a Viriato en retirada. En estas al cónsul despistado le atacaron Curio y Apuleyo -dos paisanos lusitanos- con diez mil hombres que luchaban por su cuenta. Le robaron el botín. Curio cae en el combate después el romano recupera sus rapiñas. Más tarde tomó Iscadia, Gemela y Obolcola -ciudades defendidas por Viriato- saqueó otras y algunas perdonó. En total pilló cautivos diez mil hombres, descapitó quinientos entre ellos vendiendo el resto en los mercados. De camino apresó a un tal Connoba -otro jefe de partida- después lo liberó... y cortó las manos del resto de las gentes del bandido. XVI Persiguiendo a Viriato cercó Arsa (por tierras de Azuaga o de Llerena) Viriato entró de noche en la ciudad y al alba, sorprendió tranquilamente a los que trabajaban en el cerco. Derrotó al pretor, le puso en fuga le acorraló en un lugar muy escarpado y sin escape el invasor pactó de grado obligando al general como amigo de Viriato jurando respetar las tierras de su gente. Viriato al fin consigue dignamente cambiar los hilos negros de la historia pero poco han de durar entonces aunque así se rebajan bien los humos que enfriar la prepotencia sirve mucho al respeto y dignidad de nuestra España. Así pareció terminar la guerra de Viriato pero la perfidia anida en el soberbio, Servilio Cepión y nuevo cónsul elegido además relevo de su propio hermano impugnó el pacto como indigno... aceptando el Senado la traición que autoriza de momento hostilidades a Viriato fiel al pacto y quién sabe los porqués de un caudillo tan ingenuo. Tal vez le falló toda su gente cansados de la guerra interminable muy lejos de otros tiempos más felices casi sin recuerdo, y tanto muerto... XVII Servilio Cepión tornó a la guerra tomó Arsa en la Beturia cayendo al fin, y siempre igual en manos invasoras y a traición. El cónsul insaciable y ambicioso marchó tras Virato y tras sus gentes que supieron despistar a los malvados. Puestos a salvo los guerreros y seguros Viriato con sigilo se escapó tan limpiamente y raudo que imposible fue saber el punto cardinal por do ha partido. De Servilio Cepión solo os diré que agricultor de vientos tan solo recogía tempestades de miserias bien plantadas en continuo complejo de ridículo. Se carcomía por dentro los vaciles de su gente principal... a punto estuvo de morir quemado por vengarse del choteo continuo de los suyos y más los caballeros dirigentes a los que mandó a por leña con sadismo por ver su miedo reflejado en odio. El honor de los mandados al peligro -pues eran tierras controladas por los hombres de Viriato- pudo más que el propio miedo y aunque nada ocurrioles si pudo pasarle al malandrín quien si no sale por pies muere quemado en su propio encargo. De un personaje así puede esperse todo pues dice el refrán que Dios los cría y ahora veremos con quién. XVIII Viriato de nuevo organizado más que a la lucha se prestó a la paz mandó a sus más fieles, sus amigos a negociar con el tirano lo imposible. Tres eran tres Ditalcón, Audax y Minuro y ellos se juntan, se juntaron al traidor Cepión que los compró por dineros la vida del amigo de su jefe, de su rey dios de humildes y dador de esperanzas... lo largaron de su patria a lo celeste ya que el infierno lo merecen otros. Le degollaron en el primer sueño escapando protamente los cobardes al Cepión que les pagara su promesa por tan triste asesinato. Viriato no solo fue muerto por lo tres en el fondo lo mató su propio pueblo. Cuando se dieron cuenta los guerreros -y dudo de sus cuentas- del horrble crimen alevoso lloraron, no a Viriato sino a su propia intemperie, tal vez intuyeron que ya estaban al viento mejor al temporal que les llegaba. -Dice el cronista Apiano- "... lloraron su propia muerte lamentando su propio mal considerando qué peligros les vendrían al futuro -y también- qué caudillo perdían." Quemaron su cadaver en la pira altísima pues ahora tenían verdadero miedo a su cuerpo asesinado. Inmolaron muchas víctimas les faltó valor para el suicidio colectivo. ¡Qué lejos quedaban de Numancia y de Sagunto! poco a poco el fuego lo absorbía hasta que nada quedó en la pira pues el viento recogía -como siempre- la semilla feraz del sacrificio ritual. A Viriato lo quemaron vivo pero así y todo pervivió más fuertemente. Terminado el funeral combatieron entre ellos en combate singular por los despojos de España. Aún es inconcluso el ritual dos mil ciento veinte y siete años han pasado de lucha incruenta. Mientras otros, los intrusos saqueadores, machacaban esta ¿isla? llamada hasta entonces Iberia del río Ibero que hoy es Tinto. Cometimos hace miles el error de sacar a este mundo de la piedra. Donde muere el río Tinto empezó la historia y la ambición de poder. ¡Allí se inventó el turismo del metal!. XXI - LA BODA DE VIRIATO Su suegro era un rico casquivano el muy ladino se llamaba Astolfas quiso deslumbrar al ermitaño y fue fustrada su intención por el desprecio de su yerno. Viriato en su boda ni se lavó ni tomó asiento a él no le valían ruegos vacíos. Tomó panes y la carne con sus manos repartiola entre los suyos comió un poco, lo justo pidió la esposa prometida sacrificó a los dioses la puso en su caballo y partió muy lejos con su amor a la escondida montaña de Afrodita (hoy Santa Cruz de la Sierra) su escondida montaña de Vettonia. La sobriedad era su riqueza la libertad su patria el valor su mayor bien... agudo en la conversación como su ingenio simple pues no tuvo maestro. EPILOGO La muerte de Viriato puso en pié de guerra las partidas lulitanas. Enviado Junio Bruto contra ellas renunció a perseguirlas y marchó a castigar a sus ciudades mayor sería el ejecto de esta forma y también el botín de sus soldados. Las mujeres se lanzaron a la lucha al lado de los hombres siendo igual de terribles con la espada aunque más calladas. Muchos marcharon a la sierra salvando sus enseres más preciados. Bruto también les atacó y suplicando estos algunos fueron perdonados a cambio de parte del botín. Más allá del Duero llegó al Lette el río del Olvido al Tenebrorum donde también las mujeres armadas sabían morir con valentía. Bruto llegó hasta los brácaros del norte. Cansado y agotado de interminable guerra decidió dar tierra la los guerreros de Viriato al que había sucedido un nuevo jefe Táutalo llamado. Así fundaron su ciudad, Valentia -hoy Valencia de Alcántara- tierra sagrada de sus antepasados plagada de antiguos megalitos y dólmenes que aún hoy puedes contemplar.
 

Fuente: http://www.ibizapocapoc.net/Viriato/Cuento%20calderon.htm



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